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Dueña de mi vida

Sanación es la palabra que hoy me aparece después de nuestro círculo de ayer.. Hablamos de nuestras madres, algunas presentes físicamente, otras no. Recordamos historias difíciles, dolorosas, momentos de mucha rabia y frustración y sensaciones tristes cuando pensamos en ellas. Muchas de nosotras compartimos la sensación de no haber recibido completamente aquello que esperábamos de nuestra madre… Pareciera que esa conversación es conocida y bastante ensayada por muchas de nosotras! … 


Al mismo tiempo, hablamos de nuestra responsabilidad, de hacernos cargo del trabajo que tenemos que hacer para resolver nuestras carencias y nuestras dificultades, y no dejarlas todas en manos de nuestras mamás (presentes o no), para convertirnos en víctimas, sino, al contrario, en ser las protagonistas de nuestras vidas, aprender lo que tenemos que aprender, sanar lo que tenemos que sanar y seguir trabajando en encontrar la libertad y paz que tanto queremos. 


En general, cuando nos hacemos daño físicamente, las cicatrices quedan, pero las heridas pueden cerrar. Y esas cicatrices son señales de vida, de experiencia y que nos hicimos cargo de sanarlas. Así mismo pasa con las heridas emocionales… quedan cicatrices, pero sanan y cuando miramos atrás, podemos darnos cuenta del aprendizaje obtenido!

En nuestro círculo, me encantó ser testigo del cierre de ciclos de resentimiento y rabia, de dolor y frustración, cada una honrando a su madre, sintiendo compasión por sus historias y reconociendo su humanidad, su ser mujer! Para mi fue muy liberador reconocer que ser madres sucede después de ser humana y de ser mujer y que el ser madre es una cara más de las muchas que puede tener una mujer como la guerrera, la amante, la sanadora, la bruja, la reina, la sabia, la esposa, etc… 


Siento que lo que sucedió ayer tiene que ver con aceptar que estamos en donde hemos elegido, parece que elegimos a nuestras familias y los aprendizajes que vinimos a hacer. A partir de esto, aceptar lo que tenemos, no pretender cambiar a los otros y dejarlos ser como son, poner los límites que tengamos que establecer y hacernos cargo de nuestra historia y de nuestras necesidades, puede ser una experiencia muy liberadora  para nosotras y para nuestros hijos. Es la posibilidad de quitarnos la responsabilidad de la felicidad de nuestros hijos y, al mismo tiempo, liberar a nuestras madres de los mismo. Hagámonos dueñas de nuestras vidas!


Muchas gracias y hasta una próxima!!!


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